martes, 15 de septiembre de 2009

Parto para Guadalajara

Nota para mi hermano "super larva" Ro: Esta entrada es bastante más corta que las anteriores así que confio en que no te duermas antes de llegar al final.

El Sábado me levanté alrededor de la 9 de la mañana, Mariano estaba trabajando y Evelyn y Andrés durmiendo y roncando respectivamente. Aproveché la tranquilidad de la mañana para escribir y ordenar un poco las fotos que se estaban acumulando rápida y desordenadamente en el disco de la computadora (en un esfuerzo por seguir el consejo de Gastón de editarlas y mantenerlas ordenadas).
Después de pensarlo un poco decidí que en lugar de esperar a la mañana siguiente para ir a Guadalajara, mejor sería salir ese mismo día, así que busque un par de hostels por Internet (en la casa donde me voy a alojar me esperan recién el 15 y no quise arriesgarme a llegar tarde y sin alojamiento) y me puse a ordenar mis cosas y armar la mochila.
Como a la una se levantó Evelyn y me dí cuenta que Andrés ya no estaba, le dije que había decidido irme y que esperaría a que Mariano vuelva del trabajo para despedirme y agradecer su hospitalidad antes de ir a la Terminal.
Después de despedirme, me tomo el subte a la Terminal cargando todo y la encuentro fácilmente; es grande, luminosa y esta bien señalizada, esperaba algo más parecido a la Terminal de Retiro o la de Río de Janeiro (caóticas y desordenadas). Busco las empresas que van a Guadalajara y como son muchas sólo pregunto el precio del pasaje en tres y compró el que sale más próximo.
Todavía falta una hora y media para la partida, me tomo un yoguth con unas galles (¿pueden creer que no consigo yogurt de vainilla? Hay de coco, de durazno, de manzana, de frutilla, pero no de vainilla).
Esta todo super limpio y ordenado a pesar que la Terminal es enorme; 8 “salas”, cada una con kioscos, confiterías, baños, teléfonos públicos y juegos infantiles electrónicos; cada sala tiene 15 plataformas aproximadamente y sólo pueden pasar a las plataformas quienes tienen boleto (una especie de pre-embarque). Tampoco acá puedo sacar fotos, me lo hace saber un guardia en la plataforma después de apenas haber sacado cámara de la mochila.
Subo al cole, me acomodo en dos asientos (el colectivo esta casi vacío) y veo pasar la Ciudad de México por la ventanilla, plagada de cadenas de comida rápida norteamericanas (Mc Donald’s, Seven Eleven, Domino’s y Subway por ejemplo).
Ya saliendo de la ciudad el paisaje se asemeja a la subida del Cerro San Javier en Tucumán, mucho verde, vegetación abundante, árboles altos y plantas de hojas enormes. El horizonte sólo muestra montañas que parecen cerros, por la forma, la vegetación y la altura comparativa, claro que el DF esta a 3000msnm, más del doble del Monte Olivia, la montaña más alta de la Tierra del Fuego.
Durante el viaje en bus soporto sin descanso una película mala tras otra peor, lo que hace más atractivo el paisaje. Después de una lluvia fuerte pero pasajera, el atardecer a puro fuego cierra el día.
Duermo un poco y a la una de la mañana llego a Guadalajara. Me muero de sueño sólo puedo pensar en llegar al hostel y acostarme.

Más curiosidades:
- El bar de un hotel publicita: Miércoles de solteros, viudos y divorciados. ¿Con solteros no alcanzaba?
- Farmacias Dra. A. Livio. Jaja!!!
- Los taxis en Guadalajara son negros y amarillo como eran los de Buenos Aires antes, sólo que acá la parte de abajo es amarilla y la de arriba negra.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Visita a la UNAM y otras yerbas

El viernes Mariano me levantó cuando se iba a trabajar (a las 6,30) ya que yo no tengo despertador. Todavía tenía un rato largo antes de salir para la UNAM, así que me levanté tranquila, me dí una ducha, desayuné y escribí un rato antes de salir a tomar el Metro.
En el Metro tengo oportunidad de reflexionar sobre los últimos días, duermo poco, ando un montón y escribo muchísimo más que normalmente. Comparo mi situación con la de mis compañeros ocasionales en el metro, gente que va a trabajar, recién comienza el día, pero están agotados, sólo veo caras largas y ojos tristes. Me doy cuenta también yo estoy trabajando, trabajo bastante, casi todo el tiempo, sacando fotos, observando y tomando notas. ¡Justo como quería que fuera el viaje! Que disfrute lo que hago y nadie me pague por hacerlo no quiere decir necesariamente que no sea un trabajo ¿o si?
Después de unas cuantas estaciones, llego al Campus de la UNAM. El Metro me deja en la entrada de un predio enorme, más de lo que me imaginaba. Salgo de la estación de metro, subo unas escaleras y encuentro la entrada. Allí mismo, en prolijos carteles, encuentro información sobre la localización de cada una de las facultades, hospitales (veterinario, odontológico, psiquiátrico y de medicina general) e institutos de investigación que tiene sede dentro del campus. Hay un ordenado y frecuente servicio de colectivos gratuitos que recorren todo el campus llevando y trayendo a alumnos, profesores y visitantes. Los recorridos están a la vista, así es que me resulta muy fácil llegar a la Facultad de Filosofía y Letras donde se dicta el Seminario al que voy.
La Facultad de Filosofía y Letras es un edificio de tres plantas amplio y muy luminoso, los salones de grado están en un ala y los de posgrado (más reducidos en cantidad y tamaño) en otra. Los carteles, afiches y propagandas pegados en las carteleras, paredes y columnas me resultan familiares por sus contenidos, no muy distinto a lo que uno puede encontrar en la UBA o la Universidad de La Plata. La disposición y funcionalidad del espacio si es muy distinta. El edificio cuenta con dos grandes patios internos, uno con una fuente de agua rodeada de césped y árboles, y otro un poco más grande con un área verde y un espacio con techo de vidrio con mesas redondas y sillas que es el área de estudios. En general el ambiente es muy agradable y todo el edificio esta rodeado por grandes espacios verdes que lo separan de la Facultad de Derecho a hacia un lado y de la Biblioteca principal hacia el otro.
Rápidamente encuentro el salón 5 del área de posgrado, pero es temprano aún y nadie ha llegado. Decido pasar el tiempo que falta caminando por los pasillos y tomando algunas fotos.
Cuando se hace la hora vuelvo al salón pero todavía no hay nadie. Busco a quien preguntar si hubo alguna modificación y descubro que es feriado para todo el personal administrativo lo que me complica bastante. Recuerdo que Patricia me dio su celular con la consigna de llamarla en caso de no encontrar el salón, busco un telefono público pero el único que encuentro esta fuera de funcionamiento, vuelvo al salón con la esperanza que haya alguien, quizás tan perdido como yo. Encuentro una mujer que no es alumna del seminario pero al conocer mi problema ofrece su celular para que mande un mensaje, lo envío pero después de varios minutos seguía sin recibir respuesta y a la mujer se le hacía tarde.
Muy desilusionada, y ya sin saber que más hacer doy una última vuelta por la Facultad y decido aprovechar el día visitando el Zócalo, la plaza principal de la ciudad, donde se encuentra el Palacio Presidencial entre otros edificios históricos. Al salir encuentro un teléfono público que antes no había visto e intento, una vez más, comunicarme con Patricia, sólo puedo dejar un mensaje en su contestador y me todo el colectivo de la universidad que me lleva a la Estación del Metro.
Cada vez que tomé el Metro vi imágenes que quise fotografiar, así es que ahora con tiempo entre mis manos decidí sacar la cámara y documentar el mundo del transporte público en Cuidad de México. Después de algunos minutos de andar con la cámara en la Estación se me acercó un guardia de seguridad y a cara de perro me dijo que guarde la cámara y le muestre la autorización para sacar fotos ahí. Guardé la cámara, le expliqué que no tenía autorización, que no sabía que la necesitaba y me disculpé masticando mi frustración.
Espero el Metro y me voy rumbo al Zócalo. El calor en el Metro es indescriptible, cualquier cosa que tenga puesto es demasiado y si no terminas ensopado en tu propia transpiración, será en la del pasajero de al lado. Así y todo la gente hoy anda abrigada (con sweter de lana o campera) porque esta fresco (20°C).
La idea de conocer el Zócalo no me había resultado atractiva hasta que la noche anterior me llevaron a recorrer algunos sitios turísticos (de pasadita en auto entre la inauguración de la muestra y la cantina) y lo ví decorado con incontables luces formando la bandera de Mexico y los rostros de algunos próceres.
El día estaba nublado y el smog de la ciudad hace que sea imposible capturar edificios y todo lo que está un poco alejado de la cámara con nitidez, así fue que sólo saque algunas fotos. Además la plaza estaba llena de policías por los preparativos de carpas y escenarios para los festejos del 15 y como la cana me da urticaria, sea del país que sea, di una vuelta y me metí de nuevo en el Metro y fui a lo de Mariano y Evelyn.
Mariano todavía estaba trabajando y Evelyn había salido, así que pasé por la panadería donde trabaja Mariano (que queda a 5 cuadras de su casa) a buscar la llave y me fui a descansar un rato y escribir un poco.
Al rato volvió Evelyn y no mucho después llegó Mariano de trabajar. Yo pensaba ir al Mercado con cámara y trípode a sacarme las ganas, pero se ofrecieron a llevarme en el auto al Parque Nacional Desierto de los Leones (no me supieron explicar porque se llama así) que queda camino a Toluca y acepté gustosa.
Lamentablemente ninguno de los tres pensó en la hora o que era viernes y nos vimos atrapados en un tremendo embotellamiento apenas enfilamos para el parque. Acá se maneja terriblemente mal, mucho peor incluso que en Ushuaia, Buenos Aires o La Plata, así que fue bastante estresante tener a camionetas, colectivos y camiones a apenas unos centímetros del auto (ni hablar de ir con el codo en la ventanilla!).
Finalmente llegamos al parque para confirmar que había valido la pena. El paisaje del parque me recordó a la subida al Cerro San Javier en Tucumán. Vegetación abundante, árboles altos y plantas de grandes hojas. Lo que parecen cerros son montañas que doblan en altura a las de Tierra del Fuego, sólo que como estamos muy por encima del nivel del mar no parecen tan imponentes a la vista.
Comemos algo antes de caminar un poco, decido probar algo desconocido y pido un taco de flor de zapallo y uno de huitlacoche. La tortilla del taco esta hecha con maíz verde y el resultado es una masa color verde musgo. El de flor de zapallo tiene buen sabor y el relleno es de color blanco y naranja. El de huitlacoche me da un poco más de impresión, el relleno es completamente negro, de una textura áspera y un sabor que no puedo definir. Después de probarlos les agregó un poco de picante sólo para confirmar que mejor hubiera sido comerlos como me los sirvieron.
En el Parque hay un ex Convento y caminamos uniendo varias ermitas abandonadas a la vegetación del lugar. Volvemos al auto justo a tiempo para no mojarnos con la lluvia que amenazó toda la tarde pero nos permitió la caminata.
Una vez superado el trafico de vuelta, llegamos a casa y Evelyn invita a Rodrigo (uno de los chicos con los que salimos ayer) a cenar con nosotros.
Rodrigo es artista plástico oriundo de Oaxaca, una región bellísima (según dicen los que conocen) del sur de México.
La charla se extiende, hablamos de todo un poco, Evelyn nos muestra algunas de sus fotos (las de su tesis) y yo muestro fotos de Ushuaia y de mi familia y quedan impresionados (por Ushuaia, no tanto por mi familia jaja!).
Rodrigo promete organizar una excursión para llevarme al Volcán de Toluca o Nevado de Toluca, es un volcán en cuyo interior hay lagunas que se pueden visitar. Aprovecho a preguntar si la ceremonia que se hace el 15 conmemorando la Declaración de Independencia, en que el Presidente en persona sale del Palacio Presidencial y da el grito de la Independencia seguido por la multitud reunida en la Plaza era tan impresionante como me habían dicho y la respuesta fue “No vale la pena, pero debe ser bonito pa’ti siendo turista”. Y como si soy turista, pero no soy para nada mujer de multitudes decidí que era algo que me podía perder, después de todo la Independencia también se festeja en Guadalajara.

Más datos curiosos y no tanto:
- Pulque: bebida alcohólica y lechosa realizada con la fermentación del magüey (planta similar al aloe vera).
- En la Estación de Metro estaban promocionando un nuevo producto de Garnier (la marca de cremas) que se llama Clarify y promete que con su uso regular la piel queda 2 tonos más clara. ¿Esto existe en la Argentina? Quizás las publicidades sólo me llaman la atención porque observo más y en argentina no les daba bola, pero hay cosas que me hacen sentir que vivo en otro mundo o que me estoy volviendo loca. ¿Hasta dónde vamos a llegar por convertirnos en lo que no somos?
- En el Zócalo, al lado de la Iglesia van albañiles, electricistas y gasistas a buscar trabajo. Se sientan en su banquito con un cartel con la esperanza que alguien los contrate.

Un día a puro arte!!!


El jueves finalmente no nos levantamos temprano como era el plan A, así que pusimos en marcha el plan B. La fuimos a buscar a Belén (la argentina que vive en el edificio) y nos fuimos a pasear al Parque Chapultepec, después de una parada técnica para buscar pan y facturas de la panadería argentina donde trabaja Mariano (las facturas acá se llaman pan dulce). El Parque de Chapultepec es enorme, en una de las entradas esta el Castillo que fue hogar de Virreyes y Emperadores (en la época de Napoleón) y ahora se prepara con escenarios, luces y sonidos para el homenaje a los Niños héroes el 15 de septiembre. Cuenta la historia que los Estados Unidos invadieron México y la guardia de honor del Castillo eran niños de 13 a 16 años, seis de ellos defendieron el Palacio con su vida, aunque finalmente fue tomado temporalmente por los Estados Unidos. Es así que hoy hay un gran monumento en su honor frente al Castillo. Nos adentramos en el parque y vemos pasar columnas de soldados corriendo ordenadamente y en escuadra, cantando algo que no se entiende muy bien, pero termina “…somos integrantes de una raza superior.” Glup! No puedo creer el fascismo de las instituciones militares, pero no dejo que esto arruine mi día. Evelyn tiene ganas de ir a remar al lago del Parque y Belén propone el zoológico, a mi me gustaría ir al Museo de Arte Moderno que también está en el parque, decididamente yo no voy a ir al zoológico, a Belén no le atrae en absoluto el ejercicio físico y no conoce el Museo, así que hacía allí vamos.
El edificio del Museo es un diseño moderno de un arquitecto mexicano y sus alrededores de un paisajista japonés. El parque externo esta pensado para la exposición de esculturas y la colección del museo es riquísima, tanto en arte precolombino como moderno y contemporáneo.
El edificio principal tiene cuatro salas de exposición. En la primera encontramos una muestra de la colección del Museo, se expone el original de “Las dos Fridas” donde pueden apreciar los detalles de los vestidos de Frida y la foto pequeñíma que tiene es su mano la Frida “mexicana”. Hay algunos de los más bellos cuadros de Diego Rivera, Rufino Tamayo, David Alfaro Sequeiros, José Clemente Orozco y otros pintores mexicanos o que vivieron mucho tiempo aquí y supieron plasmar en sus telas el paisaje de la cultura mexicana. Me gustó mucho un autorretrato de Juan O’Gorman (un pintor que no conocía) que se llama “Autorretrato múltiple”, entre otros que ya no recuerdo.
En la segunda sala hay una muestra permanente de diseño mexicano desde los ’60 hasta ahora, que incluye experimentación con materiales, colores y sonidos. También hay algo de arquitectura y diseño gráfico.
En el primer piso están las dos salas con muestras temporales. En una de ellas una muestra de dibujos, pinturas y algunos objetos personales de Remedios Varo (que tampoco conocía, sé muy poco de arte) que me gustó mucho. Los dibujos son de una delicadeza increíble, pero las imágenes completas son inquietantes y tienen constantes referencias a un mundo oculto de seres que nos observan. Un dibujo que me gusto es “Presencia inquietante” y el cuadro “Naturaleza muerta resucitando”; “El gato helecho” me causó gracia, al igual que “Saliendo del psiquiatra”.
En la última sala había una muestra titulada “Presuntos culpables”, estrictamente hablando eran varias muestras unidas por le mundo de la cárcel en México en particular, y por la idea de encierro en general. Me hubiera gustado recorrerla con la cabeza un poco más fresca porque la verdad es que me demoré mucho en las otras salas, ya estaba un poco cansada y las chicas me estaban esperando para comer algo con mucha paciencia.
Un trabajo que me impresionó mucho de esta muestra es el que realizó un artista que de alguna manera pactó ciertos intercambios con los internos. Como el no podía aprehender el universo carcelario si no era parte de él, le propuso a cada interno un pacto en el que el interno se comprometía a realizar cierta actividad dentro de la prisión y el artista a cambio haría algo fuera de ella que el interno no pudiera hacer por sí mismo (¿se entiende?).
Fue así como el artista tuvo que llevar regalos a los cumpleaños de algunos presos, buscar a novias y otros parientes con los que habían perdido contacto, abrazar a madres que estaban lejos y llevar flores seres queridos fallecidos. Y los internos documentaron sonidos, dibujando los objetos que los provocaban en hojas blancas A4 poniendo el tamaño del dibujo en relación con el volumen y la intensidad del sonido, juntaron colillas de cigarrillos por semanas en el espacio físico sumamente limitado en el que se mueven y los clasificaron por marca y tamaño, dibujaron el mapa del penal utilizando sus propios cabellos como líneas sobre el papel o relataron partidos de básquet en forma de poesía.
Todo lo realizado por los presos forma parte de la muestra, sin embargo creo que la riqueza mayor esta en la experiencia del artista a partir de estos intercambios y que sintió el durante el proceso de construcción de “la obra”.
Otro de los trabajos era una muestra de armas punzantes construidas por los presos con los materiales que tienen a mano y no están prohibidos dentro de las cárceles, o por lo menos se pueden ocultar fácilmente, allí encontré una verdadera prueba de ingenio y creatividad.
También había una especie de manual audiovisual “Para sobrevivir guardadito”, este trabajo era la producción de un colectivo de internos pero no lo ví completo, apenas la presentación.
Por último, había un cubo negro de 3 x 3 x 2 m en el medio de la sala de exposición, que formaba parte de un experimento al que cualquiera podía someterse voluntariamente y consistía en dejarse encerrar en esa habitación, dejando afuera todos los objetos personales que permitieran la comunicación con el exterior y todo aquello con lo que uno pudiera lastimarse. Una vez adentro, el encargado del proyecto tira un dado que determina el tiempo que durará el encierro (sin que uno pueda saberlo con anterioridad) que en esta caso podía ser desde media hora a cuatro horas corridas. De más esta decir que no entré.
Las chicas ya me estaban esperando hace rato en la puerta, comimos uno sándwiches en el parque y dimos una vuelta rápida por el segundo edificio del Museo, donde esta la tienda de libros, postales y accesorios y la Biblioteca. Al salir ya estaba empezando a llover así que nos metimos en el metro para volver a casa. Al querer salir del metro con encontramos con un río de agua que bajaba por las escaleras por las que teníamos que subir (no exagero!! Muchas veces el metro queda inutilizado porque los desagües no alcanzan a drenar el agua de lluvia y se inundan). Nos arremangamos los pantalones, ajustamos las capuchas y corrimos hasta casa (y no morí en el intento!! Me debo estar aclimatando), donde me di una ducha, me puse ropa seca y repusimos energías.
Esa misma tarde Evelyn tenía la inauguración de la muestra de una compañera de la Maestría en Artes Visuales en el centro de la ciudad y me invitó a acompañarla, como paro de llover y ya estábamos frescas de nuevo, allí fuimos!
De nuevo al metro, increíblemente sin río corriendo por las escaleras, y después de algunas estaciones bajamos en un barrio de construcciones coloniales de dos y tres pisos enteramente vestidos con los colores patrios. Caminamos por una especie de Barrio de Once con comercios de telas sobre las dos manos, pero con calles angostas y adoquinadas limitadas por veredas casi inexistentes (apenas si pasan dos personas a la vez) al estilo de San Telmo y llegamos al Centro Cultural Casa Talavera dependiente de la UNAM. Apenas entramos me arrepentí por no haber llevado la cámara de fotos (tuve miedo que nos vuelva a sorprender el diluvio universal y la mochila había quedado secándose en casa, además volvíamos tarde y no quise arriesgarme a andar con la cámara en la mano tentando oportunistas). La Casa Talavera es una vieja casona colonial de ladrillo rojizo, muy descuidada y venida a menos, tomada por infinidad de musgos y plantas que entre sus paredes y columnas encuentran lo necesario para la vida. Tiene dos patios internos con árboles que superan en altura a la construcción de dos pisos de techos bien altos.
En los salones del primer piso de la casa se dictan talleres de pintura, escultura, grabado y fotografía y en la planta baja hay algunas oficinas, baños, salas de exposición y algunos salones en desuso por su mal estado.
La inauguración estuvo poco concurrida a causa de la lluvia, a pesar que eran tres inauguraciones. Una muestra plástica (la compañera de Evelyn), una muestra fotográfica colectiva de uno de los talleres que se dictan en la casa y una muestra fotográfica individual.
De la muestra plástica no puedo decir mucho, el arte abstracto no es lo mío, así que me entretuve escuchando los comentarios de familiares y amigos de la expositora.
El tío de la artista a la madre: “Fue tocada por la mano de Dios”, lástima que más tarde conversarndo con Jesica (la supuesta tocada por la mano de Dios) descubrí que ella misma es atea.
Pariente de cercanía indeterminada: “Yo no entiendo de que se trata, pero a mi me encanta.”
Amiga de la madre a la madre: “Dejame decirte, no se si a la gente le gusta o no le gusta, pero es maravillosa.”
Un alumno del taller de fotografía a otro frente a un cuadro: “No te compliques Juan Carlos ¡ya cállate!
La muestra colectiva de fotografía no me gustó mucho, pero hay que decir que las impresiones y ploteados que hicieron eran de pésima calidad y eso no ayudó, además estaban acompañadas por textos que no terminé de entender.
Por el contrario, la muestra fotográfica individual me gustó muchísimo. La muestra completa constaba de 7 imágenes impresas de 1,20 x 1,70 mts. aprox., impecable calidad de impresión y composiciones muy prolijas, me pareció muy logrado todo el material. El nombre de la muestra es Nirvana y apuntaba a evocar el silencio en medio del caos, alcanzar el estado de nirvana a pesar de la contaminación y saturación audiovisual a la que nos vemos expuestos constantemente.
Después de la muestra fuimos a una cantina por unas chelas o a un bar a tomar unas cervezas, como prefieran, con la compañera de Evelyn que exponía y algunos otros pintores y compañeros de la maestría. Me vino bien el relajo, conocer gente piola y reírme mucho. La cerveza no es la más rica, pero tampoco está mal (peor es la brasilera), la conversación super interesante y la gente super divertida ¿qué más puedo pedir? Jaja!Volvimos tarde y derecho a la cama.

Visita al Museo Anahuacalli


Antes que nada quiero agradecer los mails que fui recibiendo, me alegra mucho saber que viajan conmigo y disfrutan tanto como yo. A los que después del episodio del aeropuerto aconsejaron que no hable con desconocidos les tengo que decir que me ponen las cosas un poco complicadas ya que el viaje perdería mucho de su sentido, pero uso protector solar y me lavo las manos a cada rato ¿eso compensa el hablar con desconocidos?
Volviendo a donde quedamos, es decir camino al Museo Anahuacalli. Nos tomamos un metrobus (colectivo o si prefieren bondi) que nos dejó como a 6 o 7 cuadras del Museo.
El diseño del complejo y sus edificios es de Diego Rivera. Hay un edificio principal que es el más impresionante por su tamaño, y su presencia domina todo el complejo, es allí donde se exhiben 2.000 de las 60.000 piezas de arte precolombio de la colección privada de Diego Rivera (no se me escapó ningún cero, son dos mil de sesenta mil, yo también quedé sorprendida porque no tenía idea de tremenda colección). El edificio que le sigue en importancia es una construcción en una planta y subsuelo que funciona como galería de arte con muestras temporales, y por último hay construcciones de menor importancia que funcionan como cafetería, tienda de souvenirs y administración. Todos los edificios del complejo fueron pensados y diseñados para ser construidos con piedra volcánica del lugar.
Entramos al Museo (dato para los que están planeando venir: si van a la Casa Azul tienen bonificada la entrada al Anahuacalli, es decir que es gratis) alrededor de las 14,30 y como a las 15 había una visita guiada al edificio principal, decidimos conocer primero la galería de arte y ver la muestra que estaba en exposición.
La muestra era de una artista plástica mexicana, pero francamente no me atrajo tanto como el diseño arquitectónico de la galería y el aprovechamiento de unas burbujas de aire que se formaron y quedaron sepultadas durante la erupción del volcán, y ahora forman cuevas en el subsuelo de la galería a donde se llega bajando largas escaleras de grandes bloques de piedra volcánica.
Me entretuve admirando la construcción de la galería hasta que se hizo la hora de la visita guiada. La guía nos explico que para el diseño del edificio principal Diego se inspiró en los teocals del pueblo nahuatl. Teocal significa casa de dios y el objetivo de Diego era construir un mausoleo para sus restos y los de Frida que fuera a la vez un templo de energía. Es por eso que la planta baja es oscura y fría semejando las tumbas mayas y figurando el inframundo.
El primer piso representa el mundo en que vivimos y la vida cotidiana. En el continúa la impresionante colección de arte precolombino de Diego, se puede ver vajilla, muchos objetos utilizados como juguetes (entre ellos algunas muñecas articuladas del 900 a. de C., disculpen mi ignorancia pero esto me llamó mucho la atención pensé que las muñecas articuladas eran un objeto bastante reciente, sin embargo ya las hacían en tiempos tan tempranos mezclando barro, la savia de una especie de cactus cuyo nombre ahora no recuerdo, y lamento no haber anotado, e inserciones de metal) y máscaras funerarias que como ya les conté reproducen el último semblante del muerto antes de morir. Las máscaras funerarias se hacían de distintos materiales y tamaños y llevaban adornos según el lugar que ocupaba cada uno en la sociedad.
El segundo piso representa la posibilidad de trascendencia del ser humano y es por eso que tiene salón enorme con grandes ventanales que en el diseño original de Diego sería su estudio, pero donde nunca pudo trabajar por no haber sido terminado antes de su muerte (la construcción la terminó su hija arquitecta). En este salón se exponen algunos bocetos originales y en tamaño real de sus murales (por ejemplo uno hermoso que se llama “Pesadilla de guerra, sueño de paz” que entre muchos otros personajes está el famoso Tío Sam, Frida, ya en silla de ruedas, juntando firmas a favor de la paz y Diego retratado como un niño de la mano de un soldado, además están las líneas de fuga y perspectiva y otros detalles que sólo se encuentran en el boceto, es un dibujo de verdad muy lindo). En el segundo piso también hay una muestra temporal de arte peruano en oro que impresiona por la cantidad de oro utilizado y por la delicadeza de los grabados y moldeados del material.
Por último, hay una terraza con una vista increíble de la ciudad y de las montañas de los alrededores, incluyendo, el volcán cuya lava llego hasta aquí (esta bastante lejitos) y junto a la creatividad y voluntad de Diego Rivera se transformó en el Museo Anahuacalli, que quiere decir casa cerca del valle.
Al salir a la terraza nos agarró la lluvia, que comenzó como una llovizna, pero rápidamente se convirtió en tremendo chaparrón así que sólo saque algunas fotos y no pude disfrutar de la vista el tiempo que me hubiera gustado.
Salimos del Museo con los baldazos de agua cayendo sobre nosotras así que intentamos correr a la parada del metrobus (hay transporte público para todos los gustos y bolsillos, metro, metrobus, minibús, taxis, todo el tiempo me confundo), pero a las tres cuadras me quedé sin un poquito de aire, el día anterior había estado bastante mareada y no me preocupé cuando me recordaron que estamos a 3.000 msnm, pero aunque no sea la más deportista no podía creer como me dejaron esas 3 cuadras, al punto que ya no pude correr las 2 cuadras que faltaban para llegar a la parada.
Por suerte había llevado la camperita impermeable marmot y el cubre mochila que me regaló Vero que me salvaron las papas, pero de la cintura para abajo estaba empapada.
Una vez en el metrobus intercambiamos algunas impresiones de los museos visitados con Evelyn, que fue mi guía durante el día, y me enteré que el título de su Tesis de maestría era “Autoconciencia o histeriqueos de la mujer frente al arte” me llamó resultó interesante y prometí leerla en los próximos días.
Cuando llegamos a casa, pasadas por agua, nos encontramos con Mariano y una pareja de argentinos que viven en el mismo edificio, buscando en Internet para ver el partido Argentina-Paraguay, lograron verlo con algunas interrupciones de la conexión a Internet, pero por el resultado más bien no se hubieran preocupado. Mientras tanto, la lluvia afloja y con Evelyn vamos al mercado a comprar algo para comer (el plan era levantarnos temprano al día siguiente para ir a las Pirámides de Teotihuacan que queda a poco más de una hora y llevar unos sándwiches para pasar allí el día, pero después sufrió modificaciones). El mercado es un mundo aparte, si bien había algunos puestos vacíos (en ese momento también jugaba la selección mexicana) el bullicio, la gente yendo y viniendo cargada de cosas y la variedad de productos y colores (frutas, verduras, carne, ropa, envasados, tejidos, de todo!) me obligaron a programar una nueva visita con cámara y trípode incluidos (el mercado está techado y la iluminación es pobre).
Esa noche compartimos unos fideos con salsa con Mariano, la otra pareja de argentinos (Belén y “el maca”), la depresión de haber perdido contra Paraguay, Evelyn y su alegría porque Mexico ganó y Andrés, también contento porque Uruguay se había llevado los puntos en juego al mismo tiempo que jugaban las otras selecciones. Una mesa concurrida y con ánimos dispares. Francamente, yo estaba muerta de cansancio, había terminado mi primer día en México y lo había vivido con mucha intensidad.

Algunos datos y cosas curiosas:
- Teotihuacan significa lugar de los dioses y fue puesto por los aztecas a lo que hoy es la Ciudad de Mexico, ya que al llegar encontraron ídolos precolombinos de los dioses que también ellos adoraban aunque con otros nombres.
- Un cartel comercial dice “FARMACIAS SIMILARES. Los mismo pero más barato”.
- En la puerta de una casa de empeño dice “Aceptamos CASI de todo”, no puedo evitar pensar ¿qué habrán querido empeñar que hizo necesaria tremenda aclaración? Muero por ir a preguntar.
- Como la gente viaja muuuuuuyyyyyy apretada en la hora pico del Metro las mujeres suben en los primeros vagones y los hombres en los de atrás. ¿Qué tal?

Visita a la Casa Azul hogar del Frida Kahlo


La visita a la Casa Azul me conmovió profundamente. La colección de cuadros de Frida no es la mejor (los mejores y más famosos de sus cuadros pertenecen a la colección del Museo de Arte Moderno, donde también fui), pero entrar en el que fue el hogar de Frida, donde tanto trabajó, sufrió, amó y creó me movilizó. La emoción que sentí es comparable a la que sentí cuando visité la casa de Jorge Amado en Salvador de Bahía (Brasil) y sólo puedo imaginar la misma impresión al visitar la casa de Isla Negra o La Sebastiana de Valparaíso de Pablo Neruda. Me entristece pensar como valoramos la producción artística de estos grandes hombres y mujeres, silenciando la razón de su arte, su apasionada lucha política por la construcción de un mundo en el que ningún hombre, mujer o niño muera de hambre, frío, tristeza, soledad.
Descubro una Frida hija, a través de las fotos y dibujos de su padre y los que ella misma pinta para él.
Entre los objetos en exhibición hay correspondencia, fotos públicas e íntimas, un cuadro que Frida pintó para Diego y luego rasgó al saber de su infidelidad con su hermana Cristina.
Algunos fragmentos de su diario se reproducen junto a su paleta restaurada. Les transcribo la sensación que describe de algunos colores.
“Verde: luz buena y tibia.
Amarillo: locura, enfermedades, miedo, parte del sol y de la alegría.
Azul: electricidad, pureza, amor.
Negro: nada es negro, realmente nada.
Verde: hojas, tristeza, ciencia (alemania es toda de este color).
Azul verdoso: anuncios malos y buenos negocios.
Azul marino: distancia, también la ternura puede ser de este color.”
Atravieso varios salones donde se exponen objetos personales y llego a la cocina donde todo es azul y amarillo (¿distancia? ¿ternura? ¿locura? ¿alegría?), continuo el recorrido y me encuentro en la habitación donde se alojó León Trosky antes de mudarse a una casa cercana, propiedad de Diego Rivera donde finalmente sería asesinado.
El estudio donde Frida pintara es un espacio amplio con grandes ventanas que dan al patio interno, hay una gran mesa de trabajo, unos sillones artesanales en un rincón, baúles cerrados y muchos, muchos libros. También hay una serie de fotos muy divertidas de Diego Rivera (no recuerdo el nombre del fotógrafo) colgadas encima de una biblioteca.
Pasando el estudio esta la “recámara de día de Frida” con su cama original en la que su madre mando empotrar el espejo que le permitiría pintarse después del accidente cuyas consecuencias la torturaron hasta su muerte. Sobre la cama está su máscara funeraria, que según la tradición revela el semblante del difunto a la hora de su muerte, y algo de su vestuario. También hay algunos vestidos colgados en la que fuera su habitación y la de Diego, junto con algunos de los tantos corsets que se vió obligada a usar después del accidente. Los corsets en exhibición están todos intervenidos por Frida, pintados, con cosas pegadas (pequeños espejos, por ejemplo).
En el patio hay mucho verde y algunas piezas de arte precolombino, de esas que a Diego tanto le gustaba coleccionar.De la Casa Azul salgo para el Museo Anahuacalli, un proyecto de Diego Rivera que demoró 23 años en construirse y el nunca vio terminado, pero eso es otra historia